INDUSTRIA DEL JUGUETE DE IBI
La industria ibense del juguete debió nacer en los años del cambio de siglo; entonces, la agricultura no era suficiente para mantener a toda la población y muchos buscaban actividades complementarias, en Ibi- los pozos de nieve, por ejemplo- o en otras tierras: la antigua emigración de la siega y los tejares de Castilla y Aragón estaba dejando paso a la instalación de heladerías por casi toda la geografía española e incluso más allá de nuestras fronteras.
Una familia de hojlateros - los Payá - comenzó a vender por los mercados de la comarca, junto a sus productos destinados a un público adulto, una amplia variedad de tazas, platos, candiles, regaderas, y otros utensilios en miniatura, destinados a los niños. De hecho, según José R. Valero, durante algunos años, los Payá debieron compatibilizar su hojalatería tradicional con la construcción de los primeros juguetes, puesto que en el primer documento que se conserva sobre la fundación de la empresa (la venta del taller paterno a sus hijos en 1905) todavía no se especifica que se tratara de una fabrica juguetera. Pronto debió convertirse en una actividad rentable porque en 1909 ya acudieron como jugueteros a la Exposición Regional Valenciana. La utilización de la técnica del engrapado les permitió ampliar sobradamente el catálogo de modelos de juguetes.

A partir de ahí, la industria ibense del juguete comenzó a consolidarse con rapidez; cuando en 1912 se constituyó formalmente Payá Hermanos, ya hacía dos años que había iniciado sus actividades otra fábrica ibense, que con los años se convertirá en Rico, S.A. En 1925 se creó la fábrica nova, hoy recordada como Jyesa. En 1934 surgió, con el apoyo de los Payá, la primera empresa auxiliar del juguete, la de Claudio Reig, que se especializó en el juguete musical.
En aquellos años de preguerra, se vivió una auténtica edad de oro en la fabricación de juguetes de lata. Payá y Rico rivalizaron en todo tipo de modelos, especialmente en los relativos a medios de locomoción: barcos, trenes, coches, aviones, ... En la época republicana, la producción ibense se amplia a otros juguetes más sofisticados: trenes eléctricos, los proyectores de cine o las construcciones.
Tras el paréntesis bélico, los años cuarenta fueron de cierta decadencia, debido al raquitismo de la demanda y a la falta de materias primas. Sin embargo es la época más pujante de los trenes y de la aparición de los juguetes de plástico.
A partir de los años cincuenta, podemos hablar de un imparable crecimiento de la producción, que trajo consigo una diversificación absoluta, desde los más sencillos juguetes de hojalata a la introducción de los más modernos avances tecnológicos, una adaptación a la nueva demanda fomentada por la televisión y una eclosión de talleres auxiliares y de nuevas fábricas; y aún con todo este tiempo transcurrido, todavía la fábrica Payá, hoy en día, realiza estos juguetes artesanales y de hojalata, siguiendo las pautas con las que se hacían, en un entorno puramente de coleccionistas.
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